Universo de detalles

Círculo, disco, halo, órbita, germen

Más cerca del espiritualismo geométrico que del arte óptico, los círculos cromáticos de Charo Bravo son composiciones estables, con simetrías de lúdicas rupturas y creatividad compositiva. Son combinaciones que buscan equilibrio y se derraman gozando con el agua o con el fuego, con el aire y la tierra.

Carmen Palenzuela

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Mandalas

Círculo, disco, halo, órbita, germen

Pitágoras simbolizó todos los acontecimientos del universo, incluidos los humanos, con un círculo. Así dibujó la perpetua repetición de lo vital: las estaciones, con las que animales y plantas cada año regeneran la vida en el cíclico y misterioso devenir del tiempo.

Así como toda la historia refuerza el pensamiento de lo circular con el retorno de lo ya acontecido, lo mismo pensó que ocurría con el espíritu humano. Afirmaba que el hombre al morir debía regresar a la vida, integrándose en la esférica universal. Pitágoras creía que el hombre avanza hacia la perfección cada vez que retorna al punto de referencia del círculo.

Ahora, apresurados en la rotativa veloz de los ritmos actuales, se ruega el éxtasis de las flores, la suave apertura de las ondas concéntricas de la piedra en el agua, el amplio perímetro de un beso.

Esta exposición es Sol interior hacia lo externo, la vivencia profunda dada en geometría que nos propone como un eje, raíz o cimiento, un punto de partida eterno que Bravo elige con acierto como propio.

Más cerca del espiritualismo geométrico que del arte óptico, los círculos cromáticos de Charo Bravo son composiciones estables, con simetrías de lúdicas rupturas y creatividad compositiva. Son combinaciones que buscan equilibrio y se derraman gozando con el agua o con el fuego, con el aire y la tierra.

La sencillez de los materiales que han ido rodando en su taller hasta conformar esta sólida presentación nos hablan de la rotundidad del deseo de la autora que ha fluído inmediata con la única condición de su frescura y autenticidad.

Noland, Sempere, Vasarely, Dalí, Oteiza, Chillida, y tantos otros artistas, nos han precedido en esta fascinación por las circunferencias con las que Charo Bravo ha querido revivir la experiencia, ofreciéndonos un enclave, un tiempo intenso y un espacio de magia que funciona a modo de espejo. Nos invita así a respirar profundo, a parar nuestra rueda por un momento y contemplar.

Carmen María Palenzuela
Julio, catorce, dos mil trece.

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